Consu-lado bueno
Hace días fui a renovar mi pasaporte. Llegué al Consulado dominicano con los documentos de ley y esperé mi turno como corresponde. En esa espera no pude evitar escuchar conversaciones ajenas, mirar ciertos rostros -con el rabillo del ojo- y sentirme como en el “Huacalito”, diez años atrás. ¡Todos! (a excepción de mi esposo) éramos dominicanos… Siendo nosotros. Poco a poco me fui relajando, hasta sentirme como en casa.
Escucho una voz que dice:
Escucho una voz que dice: