Jugando a la princesa
Lo confieso: Conté los días para la Boda Real –como la más importante de las invitadas-. Toda la semana alterné mis quehaceres laborales y la administración del hogar, que en buen (o mal) dominicano sería “chopear”. O sea, lavé toda la ropa, limpié la casa, bañé la perra, cociné, preparé habichuelas con dulce y dejé el tiempo libre en la agenda de hoy, viernes. Así, cómodamente, desde mi cama tirarme el show del bodorrio. Hay algo en lo superficial, mundano y banal que nos atrae. En mi caso, digo al público general que no me pierdo un “Miss Universe” esperando a ver quien se cae en su pasarela o qué respuesta de las cinco preguntas me matará de risa –o de vergüenza ajena-. Con la Boda Real, digamos que es un suceso histórico que hay ver, punto. El traje de la novia, las pamelas de las invitadas y el saludo en el balcón, son elementos secundarios. Sí, ajá.