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Miss Canal de la Mona 2012

martes,
12
de

“May neim is Cristina Marrero, en am from Dominican Ripoblic”.
Entre los 4 y los 10 años de edad todos te llaman “linda”. No tienes la invasión de pelos que llega en la pubertad, ni la cara destruida por el acné de la adolescencia y así sea por compromiso, todos te profesan cumplidos de futura reina de belleza. Así empezamos a soñar que algún día seremos la más hermosa del universo.  El ideal no te dura mucho si tienes un espejo en casa o si recibes la revista Cosmopolitan. Aterrizas un poco y empiezas a imaginarte como una dulce veterinaria, una imponente abogada o una respetable cirujana pediátrica. Luego, te hacen el examen de aptitud y te dicen que lo tuyo es darle a la lengua y nada más. Cualquier parecido a MI realidad, NO es coincidencia.

Después de los 30…

viernes,
1
de

Desde hace algún tiempo sostengo una lucha campal con una cana miserable, muy cerca de la pollina. El tinte la cubre, pero en par de semanas vuelve más orgullosa y erguida que antes, mirando con desdén el resto del pelo rojo natural -mente pintado-. Después que cumplí los 30 ese fleco blanco se hizo de aliados. Ahora son cuatro y supongo que seguiré contando.
Después de los 30 también noté unas finas líneas debajo de los ojos (a los 20 las hubiese llamado “arrugas”, pero ahora entiendo que aunque gramaticalmente esté correcto, emocionalmente puede ser dañino. Por tanto, de este párrafo hacia abajo las llamaremos “líneas”. Repita usted conmigo: Lií-nee-aas).  El otro día le di un golpe bajo a la tarjeta de crédito para poder cubrir la factura en el mostrador de Clarins. Fue doloroso escuchar por 25 minutos la forma en que mi piel, después de los 30, empieza a perder elasticidad; el sol que me bronceó a los 20 hoy me rinde cuentas y lo que con tanto esfuerzo cubrí con maquillaje la cruel vendedora dejó al descubierto, frente al espejo - y a mi marido- para señalar defectos que desconocía que tenía, pero que ocurren “después de los 30”. Y encima, con media cara desnuda, atemorizada por los peligrosísimos rayos ultravioletas y sintiendo que dejé la juventud en algún bar de Santo Domingo, ¡tengo que pagarle mi presupuesto de entretenimiento de 2 meses!

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