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Escribo por muchos. Hablo demasiado y callo poco. Mi blog es mi voz y mis seguidores mi conciencia.

Así perdí la fe


La inocencia de una época tranquila en mi Santo Domingo de los 80, ahora me abofetea la cara en Puerto Rico; con dos décadas por delante para apreciar todo lo que como sociedad hemos perdido. 


El otro día le contaba a mi mamá que cuando ella viajaba con mi papá a Puerto Rico, que nos quedábamos en casa mis hermanos y yo, yo era feliz. Por lo general nos cuidaba mi abuela, quién viajaba desde San Pedro de Macorís, específicamente para esa encomienda.

Mi abuela no tenía idea del riguroso sistema al que estábamos sometidos:
- Sólo montar bicicleta mientras hubiera sol.
-La ruta en bici era un recorrido recto, desde la casa de mi tía Armenia hasta la esquina donde terminaba la calle, para un total de 5 casas de punta a punta.
- A las 8pm todo el mundo en casa, menos papi que estaba trabajando -pero llamaba a las 7:45pm para pasar lista de asistencia-
Y lo más importante, no hablar con NADIE extraño. No dar direcciones, no abrir la puerta, no dar un vaso de agua. Para mi mamá, cualquier hombre aunque le faltaran las dos piernas, un brazo y todos los dientes, era un potencial asesino en serie.
De verdad. Era extremo. 

Una vez había una visita en casa, su amiga Gilda. Era de noche, aunque temprano. 
De repente -puerta de la sala abierta- se acerca desde la calle un motor (motora, motocicleta) con un sujeto que intentaba decirle algo a mami.
Su respuesta fue (suba 20 tonos al nivel normal de voz):
NOOOO, NOOOOOOOOOOOOO!!!
AQUÍ NO ES!!! AQUÍ NOOOOOOO EEEEEES!!!!!

Mientras mami grita como demente y da la espalda, Gilda intenta detener a mami, pero ésta la ignora, la empuja hacia la casa, y cierra la puerta con todos los seguros. 

Se trataba del esposo de Gilda que había pasado a recogerla, pero mami no se detuvo medio segundo para enterarse de quién era o qué quería. No podía arriesgarse!!!!

Cuando se trata de protegerse o proteger a los suyos mi mamá tiene todos los sentidos alerta, menos el de la razón. 

Cuando le conté por qué era feliz cuando ella y papi viajaban, le detallé que mi abuela, ajena a las reglas, nos dejaba hasta las 10pm a mi hermano y a mi recorrer el barrio en bicicleta. Y la escueta ruta de 5 viviendas, se convertía en vuelta a la manzana (y a la pera, que era por la otra calle de atrás, según decía la muchachería).

Le conté cómo pedaleaba por la oscuridad -con 7 o 10 chicos más-; y la sensación de libertad era incomparable. Esa fue mi primera lección de vida, de que ser LIBRE es invaluable. Ella casi muere, aunque han pasado más de 20 años.

Yo crecí pensando que jamás sería como ella. No puedo ver la maldad en el señor que vende los aguacates o conducirme como si fuera la hija caribeña de Bin Laden. Por qué el mundo querría hacerme daño a mi o a los míos? 

El otro día sucedió algo que trastocó seriamente mi criterio, sustituyendo mi filosofía de vida por impotencia e indignación.

Raúl y yo teníamos que mantener a Raúl Alejandro despierto para una prueba de audición que requería que estuviera dormido; así que no teníamos idea de qué hacer para acostarlo tarde y levantarlo súper temprano.
Se nos ocurrió -eran las 8pm- llevarlo al parque de juegos de un Mc Donalds. A esa hora está abierto, es "seguro" y como nunca había ido a uno confiábamos en que la novedad lo mantendría alerta. 

Había una niña como de 7 u 8 años en los juegos. Sumamente chula y dispuesta. Se ofreció a subir a Raúl Alejandro a través de los niveles del túnel. Yo estaba mirando, así que la dejé que lo subiera dos pisitos; no sin antes dirigirla un poco. Así estábamos. Ella siguió su camino y yo continué entreteniendo al niño.

En un momento Raúl me relevó en la tarea, mientras yo conversaba con otra mamá.
Al cabo de un rato, mi esposo sale del área de juego con RA en brazos y visiblemente molesto. Me hizo señas por lo que me despedí rápido. Una vez en el carro me contó lo siguiente: 
La nena chula estaba jugando con Raulito mientras Raúl observaba. En cuestión de segundos perdió de vista al niño; por lo que se asomó dentro de la estructura del juego. Se encontró a nuestro bebé de un año y medio acostado -como si le fueran a cambiar el pañal- y la nena de 7 u 8 "sobetiándome" el muchacho de manera sospechosa -según su expresión- por el torso (pecho, barriga). Raúl, por supuesto, casi muere. 

La reacción de la muchachita fue tomar al niño y entregárselo a Raúl. 
Tuve tantos sentimientos que aún hoy no dejo de pensar qué hubiera hecho yo -con la genética de mi mamá, fácil agarraba a la carajita por las greñas-. 
Confieso que hasta ganas de llorar tengo. A lo mejor la niña estaba jugando al pediatra... A lo mejor no.
A lo mejor fue una gracia inocente... A lo mejor no. Pero la verdad es que la malicia que no tuve en mi vida entera, ahora exponencialmente me arropa en mi nueva realidad de mamá; porque lo que pienso es que esa niña le estaba haciendo a mi hijo lo que le hacen a ella. 

La salud mental de la gente está tan comprometida que nos afecta a todos. Porque, por qué mi hijo tiene que vivir las consecuencia de un enfermo ?!?!?!??? Es una cadena. Yo soy un ente social, que fui a un Mc Donalds a jugar con mi hijo, pero la posible maldad de un carbón lo tocó a él a través de una niña, igualmente inocente. 

Reconozco que técnicamente nada pasó, pero ahora entiendo que todo ocurre en un abrir y cerrar de ojos. 
No puedo tener a RA en una burbuja. Entonces, qué me toca?
Será repetir el patrón y escribir el "remake" de mi propia historia.  Si no puedo confiar ni en los niños que rodean al mío... Qué hago? Orar para que Dios lo proteja siempre. Y de ahora en adelante, activar todos los censores; porque hasta el ojo que tenía ciego ahora va a empezar a ver.

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