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Escribo por muchos. Hablo demasiado y callo poco. Mi blog es mi voz y mis seguidores mi conciencia.

Lecciones de madre


Una reflexión de mamá primeriza, criada en Dominicana y evolucionada en Puerto Rico.


Cuando era niña mi mamá me mandaba a contarme los pelos de la vulva -la vulva que se escribe con T-. Uno a uno. 
No. No era un tipo de terapia ocupacional recomendada por un experto en Dominicana. Era su manera de motivarme a buscar un oficio, porque en ese momento algo inaceptable estaba yo haciendo. O sea, era su versión de "no jodas más".

Cuando tenía 15 o 16 años, en pleno pico de la adolescencia, afirmaba que todos mis "problemas" eran causados por una deficiencia de vitamina G (G de pene, el que se escribe con G). Y cuando no estaba ni en edad de entrar a la escuela, su estrategia para evitar que dibujara sobre las páginas de la guía telefónica era diciéndome que me iban a meter presa, porque la policía revisaba las guías de todas las casas.



Fue de ella que aprendí (y no en la calle) las malas palabras más populares -que ella, y sólo ella, podía decir-.

Mami es la persona más espontánea que conozco. Sin filtros. Una vez, en víspera de Reyes, caminábamos de noche por la calle El Conde. Estábamos ella, mi hermana y yo comprando regalos. Era la época que el Santa de La Margarita estaba en su mayor apogeo y las únicas opciones de "shopping" eran la Duarte, la Mella, el Conde y Plaza Central.
Imagínese el gentío. 

De repente me pasa por el lado una señora extrañísima por su forma de correr. Levantaba las piernas hacia al frente y separadas, dando la impresión de un sapo gigante. Me llamó la atención y me quedé observando; cuando de la nada y sin previo aviso veo a mami salir disparada corriendo -igualito que la mujer-. Parece que una voz en su interior le dijo: "Corre! Corre como ella!". Mi hermana y yo, sorprendidas, no bien habíamos disfrutado el acto de locura de nuestra progenitora, cuando vemos que la brillante mami superó a la doña en la carrera, rebasándola por varios pies; lo que permitió que la dama saltarina se viera reflejada en la extraña que la imitaba. Lo que esa mujer le ladró a mi mamá no lo puedo escribir ni con palabras lindas. La mandó a chuparse todos los penes de la capital (en la expresión que todos conocemos) y por ahí pa'bajo.



Lo más increíble de todo esto es que yo soy bastante normal, a la luz de lo que les cuento. O al menos, eso creo.
El tiempo ha pasado y como reza el dicho "hija fuiste, madre serás"; ahora me toca a mi.



Tal vez porque soy mamá primeriza, curiosamente vivo demasiado pendiente a lo que debo hacer bien. Con excesiva conciencia de que cada cosa que haga va a impactar el resto de la vida del niño positiva o negativamente: La comida que lo alimenta, el tiempo de descanso, de aprendizaje, de diversión, socialización, etc.

Quiero tener todas las respuestas para cuando llegue la lluvia de preguntas. Por eso leo... En extremo. Para darme cuenta de lo que todos dicen: No hay una verdad absoluta ni un manual de crianza infalible. De hecho, un mismo proceder es cuestionado por unos autores y aplaudido por otros. 

Mi esposo y yo como padres dialogamos bastante. Por suerte todo lo que hemos pensado que nos funciona como familia, no ha requerido del convencimiento hacia una de las partes, pues en general estamos siempre de acuerdo -hasta ahora y en lo que al trotón se refiere-.

Hay un ejercicio que solemos practicar, a fin de diseñar nuestro modelo de crianza, y es recordar cómo nos criaron a nosotros y discutir con anécdotas lo que quisiéramos repetir y lo que no.

Yo, que vivo en un viaje eterno a mi pasado en Dominicana, este "juego" me resulta súper divertido y fue el que me hizo reflexionar lo que ahora escribo.
Pienso y pienso. Creo que ningún autor que haya leído me va recomendar sugerirle al niño un conteo de sus pelitos más ocultos. Sin embargo la única consecuencia que tuvo en mi fue reírme como loca, en plena "edad del pavo"; como dicen. Nunca me los conté pero creo que el efecto más notable es que nunca me ha escandalizado hablar de sexo, de vulva, vagina ni pene. 

Tampoco creo que a una hija la mande a buscar vitamina G. Aunque personalmente no lo tomé literal. Fue más bien como una ventana de confianza que abría mi mamá. Yo lo vi como un mensaje: "conmigo puedes hablar lo que sea".

Cuando me sugestionaba con la guía telefónica y la policía, lejos de traumatizarme con la uniformada (o destruir mi arte con el dibujo); logró convertirme en una analista y buena para la lógica desde chiquita, porque recuerdo que pensaba: "Cómo la policía irá casa por casa? Son demasiadas casas". 

A lo que voy, todo lo que mami hizo "menos bien" quizás fue compensado con tanto amor que hoy día esos hechos del pasado sólo me sirven para construir historias graciosas a base de bonitos recuerdos. Al sol de hoy río con mi mamá hasta las lágrimas. Cuando estamos juntas sale mi lado más ella y siempre, siempre la paso bien en su compañía. Qué más se puede pedir entonces?!?!

Mi problema o el problema de las madres de esta generación es que usamos más los libros y menos el corazón y el instinto. Tal vez mami no tenía herramientas como el internet para diseñar su manual como hemos hecho Raúl y yo con nuestro crío. Pero definitivamente su corazón iluminó el camino que tenía que seguir. Y funcionó!

Irónicamente, es en Puerto Rico donde he aprendido palabras como autismo, hiperactividad, déficit de atención, toda clase de síndromes, problemas sensoriales y de neurodesarrollo, entre otros.

Acaso en RD no han descubierto esa sarta de condiciones? Yo lo que recuerdo es que cuando un carajito jodía mucho, no se estaba quieto o no prestaba atención, el sicólogo por excelencia era la chancleta. Así los chicos llegaban hasta la universidad.

Es en PR donde he aprendido que las manos no son para dar "Pau pau", sino para dar amor y que el NO, es una palabra que no debo repetir con frecuencia para no crear un patrón negativo. Confieso que traté de llevar a pie juntillas lo aprendido aquí; simplemente porque parece más sensato, aún cuando la fórmula probada es la que conozco de primera mano. La verdad? Este muchachito se ha llevado una que otra nalgada y esta boca dice NO, tan firme y tan frecuente como es necesario. Me parece que estoy en busca de un balance saludable.

Aquí aprendo la ciencia oculta detrás de la enseñanza; pero lo más importante lo traigo conmigo desde Quisqueya: mi propia formación, más libre y desenfadada por un lado, más estricta y con disciplina por el otro; pero en ambas partes llena de amor y provista de lo más importante en todos los casos y en cualquier país del mundo: EL EJEMPLO. 

Dedicada a la mujer más divertida: mi mamá.


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